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Atletismo

JJ.OO: La uruguaya Deborah Rodriguez se metio en semifinales de los 800 metros

Avances de Alison, Ortega y Déborah Rodríguez

Fuente: Atletismo Sudamericano.

La primera jornada del atletismo olímpico en  Tokio -en la mañana del viernes 30 de julio, la noche del 29 según la hora de nuestros países- arrojó positivas sensaciones para varios representantes sudamericanos.

El brasileño Alison Brendom Alves dos Santos, quien aspira a pelear por los primeros lugares en los 400 metros con vallas, consiguió su pasaporte a las semifinales, al igual que la uruguaya Déborah Rodríguez en los 800 metros llanos. Y en lanzamiento del disco, el colombiano y recordman sudamericano Mauricio Alexander Ortega consiguió un histórico pase a la prueba decisiva.

Alison logró el segundo lugar en la serie inicial de vallas con 48s.42, a cuatro centésimas de uno de los máximos favoritos, Abderramah Samba (Qatar). El flamante recordman mundial y bicampeón mundial, el noruego Karsten Warholm, se quedó con la segunda serie en 48s.65, mientras que allí también compitió el brasileño Marcio Soares Teles, sexto con 49s70, sin acceder a semis. La serie 4 vio a otro de los animadores del circuito, Kyron McMsater (Islas Vírgenes Británica) con 48s79. Y en la quinta y última serie dominó sin dificultades el estadounidense Rai Benjamin con 48s.60.

Para Déborah Rodríguez esta participación en Tokio -su tercera en los Juegos- es la más feliz. Ella había debutado en Londres 2012 con un quinto puesto en la serie de 400 vallas, su anterior especialidad. Cuatro años más tarde en Río, y ya dedicada a los 800, quedó sexta en la serie. Ahora consiguió insertarse entre las mejores de su eliminatoria y marcó 2m.00s.90, muy cerca de su reciente récord nacional (2m.00s20 e Ginebra). Así ocupó el segundo puesto en su serie, ganada por la actual líder de la tabla mundial, la cubana Rose Mary Almanza 2m00s71. Entre las que avanzaron a semis, las más rápidas fueron la jamaiquina Natoya Goule con 1m59s83 y la ucraniana Jemma Reeke con 1m59s97, únicas por debajo de los 2 minutos.

El otro hombre de esta mañana fue Mauricio Ortega quien, tras un disparo inicial de 61.19 en la clasificación de lanzamiento del disco, consiguió 64.49 en el segundo, que le permitieron el sexto puesto entre todos los que avanzan a la prueba decisiva. Uno de los favoritos, el sueco Daniel Stahl, quedó al frente con 66.12, seguido por el lituano Andrius Gudzius con 65.94. El ecuatoriano Juan José Caicedo, compañero de entrenamientos y giras de Ortega, esta vez quedó alejado de su mejor rendimiento y sus 57.75 metros lo dejaron en el 28° lugar entre todos los participantes.

Otros participantes en eliminatorias fueron los brasileños Fernando Carlos Ferreira y Thiago Julio Souza Alfano Moura, ambos con 2.21 m. en salto en alto, a siete centímetros del registro que habilitó el pase a la prueba decisiva. Entre los líderes del día estuvo el estadounidense JuVaughn Harrison, que ambiciona un doblete notable (alto/largo).

La jornada había comenzado con la participación del colombiano Carlos Andrés San Martín y el brasileño Altobeli Santos da Silva en las eliminatorias de 3.000 metros con obstáculos (8m33s47 y 8m29s17 respectivamente), sin acceder a la final.

Y concluyó con las series de los 100 metros femeninos. En la segunda serie con viento de 0,1 ms. impresionó la jamaiquina Elaine Thompson con 10s.82 y allí se ubicó quinta la brasileña Rosangela Cristina Oliveira Santos con 11s.33, en lo que constituye su cuarta participación consecutiva en Juegos Olímpicos (se convierte en una de las atletas sudamericanas con más intervenciones olímpicas). La serie 4 fue ganada por la marfileña Mari TaLou, cuyos 10s.78 igualan el récord de Africa y allí la ecutoriana Angela Tenorio fue sexta con 11s.59.

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DEBORAH RODRIGUEZ

LA DE SIEMPRE

JJOO: Déborah Rodríguez, la atleta que marca época con un nuevo mojón.

Por Andrés Cottini

La uruguaya que se metió en las semis de los 800 metros en los Juegos Olímpicos, es la misma de ayer, esa que marca camino en la historia.

Un día la conocí, alegre, inquieta, incasable, así es Déborah Rodríguez, una atleta que se las traía desde sus inicios y que llegó para marcar una época en el atletismo nacional.

Tokio no iba a ser la excepción, luego de pasar cinco años desde la participación en Río de Janeiro, aquella en donde comenzó la metamorfosis para pasar de ser vallista a competir en los 800 metros llanos.

«¡Vamooooosss!», fue el grito que se escuchó en el Estadio Olímpico de Tokio luego que finalizará la quinta serie de los 800 metros llanos del atletismo, donde con un crono de 2:00.90 finalizó segunda y con ello se metió entras las mejores 24 de la cita, es decir en las semifinales.

Rodríguez, que posee siete medallas a nivel de Sudamericano de mayores (cuatro de ellas de oro), dos medallas de bronce en Juegos Panamericanos (Toronto 2015 y Lima 2019) y además fue medallista de bronce en el Mundial de menores en Bressanonne, Italia en el 2009, en esta cita nipona se transformó además en la mujer con mayor cantidad de participaciones representando a Uruguay en Juegos Olímpicos.

Todo eso es Déborah; todo eso y mucho más. Un torbellino de personalidad que explota a la hora de rematar las carreras cualquiera sea la pista donde le toque correr, pero también un manojo de sensibilidad que no duda en mostrar sus sentimientos, reflejando, sin mediar filtro posible, lo que dicta su corazón.

Emoción a flor de piel

«Estamos en semifinales», me dijo apenas llegó a la zona mixta donde la esperaba para conversar de una jornada que seguramente le quedará grabada en la memoria por largo rato.

«Lo hicimos, pudimos», volvió a expresar antes de romper en llanto en un momento de descarga que conmovió a propios y extraños, mientras sus rivales de turno pasaban a su lado saludándola por su actuación.

«Estoy re feliz», decía tratando de contenerse para poder hablar con tranquilidad: «luché hasta el final, vine a dejar la vida en esta carrera y fue lo que hice».

«A veces cuando pasamos momentos difíciles, una racha tras otra de las dificultades, se pierde la confianza. Pero junto a mi entrenador y psicólogo me ayudaron a transitar este proceso donde trabajamos muchísimo la parte emocional».

Y ella supo reponerse a todo: críticas despiadadas, malos momentos, frustraciones; pero con la convicción que tienen los deportistas de alto rendimiento, esa de endurecer el cuero y trabajar, sobre todo en Uruguay, en silencio con los grandes objetivos con gran zanahoria.

Un abrazo con su entrenador, Martín Mañana, parte de este nuevo camino que inicio en el 2020, el saludo a su país Uruguay, del cual dijo sentirse sumamente orgullosa y el pedido de un minuto para recomponerse antes de ir a saludar a las autoridades del deporte presentes en Japón, fueron cerrando su jornada en el Estadio Olímpico.

«¿Mañana venís, no?», me preguntó en la despedida con una sonrisa dibujada en su rosto sobre la semifinal que correrá desde las 9:10 horas de este sábado en nuestro país.

Y como no voy estar, si Déborah nos tiene acostumbrados a un festejo tras otro fuera de fronteras, si su ejemplo de resiliencia es digno de admirar y cada vez agranda un poco más su figura como referencia del deporte uruguayo.

Su primer objetivo ya lo consiguió, su nombre está inscripto entre las 24 mejores de los 800 metros llanos en los Juegos Olímpicos. Ahora toca esperar con que más nos sorprenderá, tal y como nos tiene acostumbrados hace años.

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