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Las historias y los buenos mensajes que baja el multicampeón con Boca y mundialista con Paraguay en Francisco Madero, rincón bonaerense donde viven 2.000 personas. Hoy jugará para Maderense la final de ida de la liga de Pehuajó.

“Mirá, este muchacho es fuera de serie. Es rehumilde, ubicado, apoya, motiva y juega cada partido como el último de su vida. Yo tengo abono en la Bombonera. Lo vi ganar todo con Boca. Lo vi en Porto Alegre, la noche en que fuimos campeones de la Libertadores. El la rompía. Estuvo también en San Lorenzo, en Independiente, en Europa, en un Mundial con Paraguay. Y ahora lo tenemos acá, jugando para el equipo de nuestro pueblo con una pasión que no se explica... El domingo, me asombró: ganamos, llegamos a la final y a él lo vi llorar. No te exagero: yo lo vi llorar por mi Maderense”... El relato le pertenece a Juan Miguel Cumba, médico-cirujano de capacidad híper probada y máxima generosidad con todos los vecinos, en especial los de recursos ínfimos. Ese hombre sensible se emociona con la emoción que envuelve a Claudio Morel Rodríguez, ese defensor de espíritu guerrero y de zurda sensual que a los 39 años escribe en un rincón del noroeste bonaerense una historia futbolera para coleccionar, bajando por este juego un mensaje de amor total. Podría ser un cuento. Es verdad.

Lloró Morel hace una semana. Fue en Francisco Madero, un pueblito de unos dos mil habitantes ubicado en el kilómetro 384 de la ruta nacional 5. Sucedió en la cancha “Juan Halzague”. Acababa de sellarse la semifinal de vuelta con triunfo de su Maderense por 1-0 ante Calaveras. El defensor duro, acostumbrado a desafíos internacionales de alta escala, vestido de verde y blanco, llegaba a la final de la liga de Pehuajó eliminando a un poderoso de esa ciudad-cabecera de partido asociada con la tortuga Manuelita, de María Elena Walsh. Genuino, Morel no se preocupaba por esconder esas lágrimas de felicidad.

“Me vuelve loco el fútbol. Estoy acá porque quiero jugar, ganar y ser campeón. Cuando veo a los chicos que se caen, les digo que no estoy luchando con ellos por plata. No juego con la chapa de mi nombre ni con los escudos que tuve. Juego como cuando debuté, con menos velocidad pero con la misma intensidad. Me caliento, grito”, le cuenta Morel a Clarín. Y afirma: “Me siento entero y me sobran ganas".

Cada domingo Morel se levanta a las 5 de la mañana en su hogar del barrio privado de San Vicente. Ducha y desayuno rápido. Camioneta. Ruta 205 hasta Bolívar, empalme con la 226, giro a la izquierda en Pehuajó y tramo final por la 5 hasta ese cartelito que indica la entrada a Francisco Madero. Son 400 kilómetros. Almuerzo en la estación de servicio que pertenece al entrenador. Charla técnica en el club, frente a las vías del ferrocarril Sarmiento. Partido. Auto y retorno: otros 400 kilómetros de vuelta... A veces, en esa expedición lo acompaña el arquero. Aveces, la familia, como el domingo, escoltado por su esposa Fernanda, su mamá Teresa y sus hijos, Alex (15) y Eliel (11). Pero en general, Morel viaja solo. Sí, hay que creerle: le sobran ganas de jugar.

-¿Por qué elegiste una liga así y no un club de Ascenso? ¿O no tuviste ofertas de ese tipo?

-Me sondearon seis o siete equipos de la B Nacional y Metro... Pero a mi edad yo quiero disfrutar del fútbol. No estoy para que no me cumplan, para que no les paguen a compañeros que ganan dos pesos y trabajan. No estoy para discutir con dirigentes y soportar a los barras. Lo sufrí en Independiente y dije basta.

-¿Tanto te marcó Independiente?

-Me tocó un momento difícil, el descenso. Mis hijos me acompañaban al vestuario, a los entrenamientos, al hotel, y veían a la gente muy loca. Eran muy chicos. Nunca me dijeron ‘Papá, no juegues más’, pero sí los vi llorar. Eso no lo quiero más. Y ojo, eh: en esos dos años en Independiente hice muchos amigos. Pero fue duro. Nos fuimos al descenso. Y pocos nos quedamos a poner la cara en la B. Por suerte, pude irme dejando al equipo en Primera.

Después de Independiente, estacionó en Paraguay: Sol de América y 12 de Octubre. De ahí, al sudeste cordobés, a Leones: campeón con Sarmiento de la liga de Bel Ville. Ahora, en el pueblo natal de Franco Cángele, en Francisco Madero. Aquí Claudio Morel ya es un encantador de maderenses. No sólo hechizó al doctor que además ejerce como médico del plantel. Casimiro Fernández, ícono del club, ex volante cerebral de pegada exacta por dos décadas, hoy el técnico, no duda: “Claudio es un crack, pero también un señor con todas las letras, un caballero. Demostró seriedad, capacidad, hombría, sensibilidad. Ojalá ganemos la final, pero si no se da, ya dejó un gran recuerdo en el pueblo. Sus charlas a los compañeros son valiosas. Les llega bien y duro. Les dice cosas fuertes. El momento que disfrutamos se lo debemos a todos, pero gran parte es de Morel. El es el artífice de todo esto”.

-Claudio, ¿Casimiro, el técnico, se anima a decirte algo? ¿Te reta a veces o nada?

-Jajaja, Casimiro me hace acordar a Basile. No tiene el vozarrón del Coco, pero se calienta. El otro día, no metí un tiro libre al área y lo abrí a la otra punta. Se enojó y me gritó: ‘¿Qué hacés, Claudio?’. No le dije nada. Tenía razón.

Paulo Moccheggiani, un abogado de Francisco Madero, fue quien tuvo la primera charla con Morel, en Sarandí: “Lo que viví el domingo en el entretiempo es inexplicable. Escuchar a este tipo motivando a sus compañeros fue algo impresionante. Me hizo llorar como un chico. Doy gracias por haber viajado a arreglar con Claudio para que juegue acá”.

Las anécdotas positivas que se repasan una y otra vez en Francisco Madero sobre Morel son miles. El doctor Cumba, por ejemplo, rescata "el gol que le hizo a Progreso, el equipo de Juan José Paso, un pueblo vecino. Es el clásico y siempre salen partidos durísimos. Clavó un tiro libre bárbaro en un ángulo. No sabés cómo lo festejó Claudio. Corrió toda la cancha para abrazarse con el arquero".

Se ríe Morel con esa risa tranquila y franca que lo distingue. Antes de hablar de su influencia en el equipo, rescata a sus compañeros. Y se engancha en un juego de comparaciones. "Nuestro Palermo es el Pampa Sosa. No es tan alto, pero lucha y pelea, y siempre está cerca del gol", remarca. Dice que "no tenemos a un Riquelme porque jugamos sin enganche, con un 4-4-2". A Agustín Corrales lo asocia con Rodrigo Palacio: "Es veloz, muy rápido. Juega de carrilero o extremo derecho. Es muy completo porque además tiene juego aéreo en ataque y en defensa. Le falta mejorar con la zurda, nada más". También establece paralelos con los integrantes del doble 5: "Kevin Sánchez sería nuestro Battaglia. Es el capitán, marca, mete, no para. Y el Pulpo Mastrángelo sería un Gago, flaco, alto, recupera pero le gusta jugar. Tenemos un lindo equipo".

No sabía Morel que alguna vez a Maderense le deseó suerte su amigo Martín Palermo. Fue en 2015, antes de una final con Calaveras. Aquel año no alcanzó. ¿Esta vez alcanzará?

La cuestión es que todos hablan maravillas de Morel en Francisco Madero. No hay en el pueblo quien no se haya sacado una foto con la ex gloria de Boca. El doctor, el técnico, el abogado, una nena adorable llamada Guadalupe, todos... Y él agradece porque “me dan la posibilidad de disfrutar del fútbol con responsabilidad y de vivir una experiencia nueva. Nunca había jugado en un pueblo tan chiquito. El cariño de la gente es increíble. Y en el club son bárbaros. Tienen palabra. Los hinchas rivales me insultan, pero riéndose. Nadie escupe aunque sólo separa el alambrado. Y eso que es una liga dura, física, se calientan mucho los partidos”.

Bien caliente seguro será la final de ida, esta tarde desde las 17.15. Maderense recibirá a KDT en un “Juan Halzague” que por primera vez contará con tribunas tubulares. A esa hora, Morel le dará la mano a Ricardito, un nene simpático que nunca falta y que lo acompaña en el ingreso a la cancha. Y a jugar. Como en la Bombonera o en el Santiago Bernabéu, con la misma pasión de toda la vida. Eso sí, con una ventaja: para todos los maderenses, Claudio Morel ya es campeón.

Fuente: Diario Clarin